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"Quién va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y no al Señor" |
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D-02 Oviedo - Grado (San Juan de Villapañada)
Atrás dejamos la torre de la catedral, transitamos por un terreno mixto, donde el asfalto aún impera, pero antes de llegar a Grado nos adentramos en el camino más relacionado con la naturaleza. Ya en el albergue de San Juan de Villapañada nos metemos de pleno en el verdadero espíritu de "El Primitivo" y conocimos al mejor hospitalero que nos encontramos en todo el camino, hablamos de Domingo un ejemplo a tener en cuenta.
| * Fecha: 15/09/2010 |
* Dist. día:
28,00 kms |
* Duración: 7 h 25' | * Desnivel Ac.: + 400 mts |
| * Tiempo: Soleado |
* Velocidad:
3,8 kms/h |
* Dist. Ac.: 45,30 kms | * Restan: 278 Kms |
Recorrido: Oviedo (centro) - La Argañosa - La Florida - San Lazaro de Peniceres - Llampaxuga - Lloriana- Puente Gallegos - Escamplero - Valsera - Premoño - Paladino - Peña Flor - Grado - San Juan de Villapañada.

Iniciamos la segunda etapa del Primitivo con una pincelada de lo que después íbamos a presenciar todas las arrancadas de etapa: los guapos amaneceres, la zona de donde partimos (por debajo del Oviedo antiguo, cerca del albergue) con la luz anaranjada del amanecer y con las decorativas palmeras nos recordaban los comienzos de la serie de CSI Miami, una preciosidad y... ¡los que nos esperaban!

Eran las ocho de la mañana, vamos calle de la Regla arriba, atravesamos El Antiguo y nos plantamos en la plaza de la catedral, Oviedo está de fiestas, San Mateo, y esto aún se nota, en sus calles se entremezclan los que aún están apunto de entrar en casa y los que salen de ella camino del trabajo. Nosotros fuimos al punto donde la tarde anterior lo habíamos dejado, vamos a por los 28 kms que nos separan hasta la villa de Grado, bueno hasta ella hay unos 24 pero el albergue de San Juan de Villapañada está a otros cuatro kilómetros más, así que, comenzamos a seguir las conchas metálicas situadas en las aceras de la coqueta capital de Principado de Asturias.

(El Salvador, K. 0,0 / 08:10 h.)
En la plaza del Carbayón encontramos al primer peregrino, esgrimía su libro ante un transeunte, parecía que le preguntaba por la salida de la ciudad, por las indicaciones intuimos que se dirigía a Santiago por el Camino del Norte, el de La Costa, ¡fallamos!, después tendríamos ocasión de conocerle personalmente y saber que iba en nuestra misma dirección, parece que las indicaciones no fueran muy buenas, literalmente habíamos "conocido" a Tedo, nada nos hacía pensar que sería uno de nuestros compañeros hasta el propio Santiago de Compostela.

(El callejeo por Oviedo nos llevó una hora para 3,5 kms.)

Por nuestra parte atravesar la ciudad de Oviedo y encontrar su salida, evidentemente, no nos costó mucho trabajo, seguimos las conchas y... ¡listo!, incluso en algún momento lo hacíamos por orgullo de seguir el trayecto, solo al final, después de pasar las vías del tren en La Argañosa nos surguió alguna duda, ya que el camino estába desviado por un tema urbanistico, un cartel así lo indicaba, lo estábamos leyendo cuando una señora, desde la ventana, nos indicaba la nueva dirección, así que...¡a obedecer!

(Cruzamos la vias de Feve y vemos algún cambio, pero siempre hay alguien dispueto a la ayuda)

En la barrio de La Florida dos pétreos personajes nos dicen adiós, Santiago a pie de calle y el gran Cristo del Naranco desde las alturas, nosotros miramos hacia atrás y hacemos lo mismo perdiendo la compañía de los últimos bloques de viviendas. Nos había llevado una hora recorrer los 3,5 kms, en descenso, de travesia urbana, creo que aquí iniciamos de verdad "nuestro camino a Santiago!, ya no había vuelta atrás, salvo fuerza mayor.

(En La Florida dos estatuas petreas nos dan la despedida de la ciudad)

En el puente que nos llevaría a San Lazaro de Paniceres vemos otros peregrinos, una pareja, más tarde sabríamos de sus nombres, Matilde y Andres, que habían llegado en avión la tarde anterior para iniciar el peregrinar a Santiago desde Oviedo, este último detalle se repetiría en otros compañeros del camino y nos muestra la incidencia del mismo como motor económico, aunque algunos lo consideren de orden menor y estén más centrados en el "turismo de calidad", ¿que carajo será eso?, ¿alguien lo sabe?, nosotros pensamos que "todo suma", todo ayuda a mejorar la economía de las familias que viven de ello.

(San Lazaro de Paniceres, K. 4,0 / 09:20 h.)

(No vamos solos)

Caminamos por algún tramo de carreterina estrecha, sin arcén, y después una guapa pista terrera hasta llegar a la ermita del Carmen en Llampaxuga, donde nos encontramos con dos parejas, una la que ya habíamos observado y otra nueva. Nos saludamos y nos comentan que dentro del armariucu hay un guapo sello para estamparlo en la credencial, así que hacemos lo propio. Uno de los chicos se refresca en el coqueto lavadero y cuando decidimos marchar la chica que estába allí se despide de él y camina a nuestro lado, es entonces cuando nos damos cuenta que no son pareja y que él era el peregrino que estába recabando información en la plaza del Carbayón para salir de la ciudad, ¡no iba por el de "La Costa"!

(Lavaderu de Llampaxuga, K. 6,3 / 10:00 h.)

(Capilla de El Carmen en Llampaxuga)
Nuestra primera compañera en "El Camino" se llama Rosa y, al igual que la pareja que ya había reanudado la marcha" había llegado en avión la tarde anterior. Los tres afrontamos la bajada y subida hasta el pueblo de Lloriana, su impresionante iglesia nos lo anuncia desde bien lejos, pero antes de llegar a ella tenemos que encontrar el singular lavadero tradiccional de Lloriana, "La Pipera", donde había una pareja de peregrinos cargados con grandes mochilas y con pinta de extrajeros, los saludamos y les dejamos, lucubramos que serían holandeses, una semana después nos los encontraríamos de nuevo, y sabríamos algo más, eran alemanes y se llaman Elisa y Tobi, ¡casi acertamos!

(¡Lloriana a la vista!)

(La Pipera, lavadero tradicional de Lloriana)

(Santa María de Lloriana, documentada en el S-XII, K. 7,4 / 10:15 h.)
El esfuerzo de la subida hasta el pueblo de Lloriana y la iglesia de Santa María, tiene una compensación, hablamos del chorron de agua fresca que su gran fuente - lavadero nos depara. Aunque aún son las diez de la mañana y solo hemos caminado siete kilómetros un buen trago de agua fresca se agradece casi tanto como si fueran las doce del medio día, y para ello teníamos allí ese pedezo de cañu a plena potencia. Pasamos por el medio del bonito pueblo, con un emplazamiento de privilegio, vemos como el cartero guerrea con un perro, menos mal que está detrás de la verja, no le quiere dajar introduccir la correspondecía, pensamos que igual era la casa de nuestro amigo José y Familia.

(¡Menudo chorru de fresca agua!)

(Puente de Gallegos, antes de afrontar la dura subida al Escamplero)
Seguimos bajando por la carretera que nos llevará al puente de Gallegos y afrontamos la dura subida hasta el alto del Escamplero, un ejemplo de lo que nos esperaba, bajar, subir, bajar y volver a subir, lo que un compañero le dió por llamar como "el llano asturiano". En esta ocasión llevabamos la moral alta pues sabíamos que en el alto había un magnifico bar y una tacina de café nos esperaba, ¡graso error!, estaban los dos cerrados, ¡que faena! Un pena llevábamos 10 kilómetros de marcha y eran las 11 de la mañana, una hora ideal para tomar un poco de cafeina, así que con hondo pesar continuamos el camino con la esperanza de encontrar un bar abierto.

(Alto del Escamplero, K. 10,5 / 11:05 h.)

(¡Faltán 335 kms!)
Dejamos de lado el albergue de peregrinos del Escamplero, no nos acercarmos a ver, aún no teníamos la curiosidad que después se nos despertó sobre el estado de todos ellos, y bajamos camino de Valsera cuando encontramos un depósito de agua totalmente grafiteado con motivos Peregrinos, ¡faltan 335 kms!, nos paramos un rato para leer todo lo que en él está escrito y continuamos bajando y lamentándonos de la falta de un bar abierto, ¡que chascu habíamos llevado!

(Ermita de Fátima en la Valsera, K. 12 / 11:35 h.)

En Valsera, según nuestros cálculos, estábamos a mitad del recorrido hasta Grado, 12 kms, llevábamos tres horas y media de marcha continua, ¡uff!, no estámos acostumbrados a caminar tanto sin hacer la aconsejable paradina, la que aconseja la DGT cuando vas haciendo un largo viaje. La ermita de Fátima y un pequeño pueblo nos espera pero paramos lo justo para sacar un par de fotos y continuar la marcha cuesta abajo por un precioso tramo jalonado de grandes y frondosos árboles.


Siguiendo la correcta señalización, aunque con algún mojón que otro estropeado por algún "simpaticu", seguimos nuestra larga y preciosa bajada hasta cruzar el río Andayón, y como suele ocurrir en el "llano asturiano", para después tener que volver a subir hasta el pueblo de Premoño el cual tiene la capilla de Santa Ana, cerrada, y el bar de Feliciano...¡¡abierto!!!, ¡trabajo nos costó!, 15 kilómetros y 4 horas de marcha continuada, ¡ya está bien!

(A punto de cruzar el río Andayón, K. 14,5 / 12:05 h.)

(Capilla de Santa Ana en Premoño, K. 15,1 / 12:15 h.)

(Casa Feliciano en Premoño, primer bar abierto del día)
En la pequeña terraza de bar de Feliciano había un peregrina tomando una cerveza con una tapa de chorizo, nos frotamos las manos pensando que nosotros correríamos la misma suerte pero... ¡volvemos a fallar!, se ve que no le caimos bien a la señora Angela y nos tomamos las cervezuquis "a palu secu", así que empezamos a mirar un poco de reojo a Eva, que así se llama la peregrina venida en bus desde Murcia, después de viajar toda la noche, se había apeado de él en la estación de autobuses de Oviedo y comenzó a caminar, creo que, en justicia, la tapa extra se la merecida mucho más que nosotros, aunque nosotros eso aún no lo sábiamos y si le añadimos que, más adelante nos enteramos, que a Tedo le había puesto un tapita de callos..... Anécdotas del camino a parte, seguimos la marcha con la satisfación de haber saciado nuestra gula de peregrinos pecadores.


Muy malos no debémos ser cuando a 100 metros de la salida del pueblo, nos desviamos a la derecha, siguiendo los mojones, y nos vemos premiado con uno de los caminos más guapos del recorrido del día y parte de todo el que nos quedaba por hacer aún. Transitamos por una preciosa zona arbolada con un mullido piso terrero y otro esmeradamente empedrado que nos llevaría en suave bajada hasta la ribera del rió Nalón.

(Preciosos detalles del camino, bajando en busca de la ribera del río Nalón)


Después de transitar por tanta belleza llegamos al llano y a la carretera, a la cercana ribera del río, al pueblo de Paladino, Eva (aún no nos habíamos presentado) caminaba en solitario delante nuestro, seguiamos su estela, después de pasar el puente del pueblo, nos distrajimos un rato para contemplar unas preciosas tallas de madera sobre un horreo, cuando enfocamos la carretera de nuevo vemos que Eva gira a la derecha y deja la carretera, nosotros vemos unas señalización amarilla de PR y la seguimos, subimos por una empinada cuesta y al final de la misma la vemos apurando un culín de sidra casera, ¿que pasa aquí?, ¡parada de bar!, ¡otro fallo!

(Paladino, K. 17,6 / 13:25 h.)

(En el Camino siempre te encontrarás con gente con ganas de ayudar)

La señalización nos había despistado a los cuatro y según el atento señor de la casa es una equivocación muy habitual, a pesar de que abajo está bien indicado, suponemos que las ganas que tenemos de abandonar el feo asfalto te hace pillar el primer desvio terrero que encontramos con una mínima seña de recorrido. ¡Pues nada!, "no hay mal que por bien no venga", que diría el refrán, unos culines y un poco de chachara no viene mal, había que compensar un poco las cuatro horas de marcha continuada iniciales, además estos guapos detalles de los "paisanos" del lugar te dan alas para seguir la aventura recien comenzada, ¿no?.

(Detalle de las consecuencias de la crecida del río Nalón en el junio pasado)
Antes de llegar a Peña Flor comprobamos los efectos devastadores de la crecida del río Nalón en el mes de Junio pasado, ¡cuanto creció!, suponemos, más bien afirmamos, que los peregrinos por allí no pudieron pasar y debieron tomar un desvio alternativo, lo llevó todo de calle, los efectos seguian siendo muy evidentes, muchos árboles caidos, las bolsas colgado de los que aún estaban en pie, el camino por el cual transitábamos, a la orilla del mismo río, estaba cubierto de una fina arena signo de por allí había sido camino de paso del liquido elemento.

(PeñaFlor, K. 20,5 / 14:10 h.)

Con estas cábalas y lamentaciones cruzamos el puente de PeñaFlor y nos adentramos en el pueblo. Eva, que aún no caminaba con nosotros tres ( Mary, Rosa y J.Félix), se quedaría atrás y no volveríamos a verle el pelo hasta el final de la etapa del día siguiente. Nosotros nos adentramos por el pueblo y tomamos una guapa senda que nos llevará hasta la villa de Grado atravesando sus preciosas vegas, todas ellas llena de productos de la rica y famosa huerta Moscona.

(Villa de Grado, K. 22,8 / 14:45 h., ¡hora de comer!)

La vista de la villa nos animó, aunque lo que más nos motivaba era la hora de comer, así que encuanto cruzamos las vías de la Feve, el primer bar que ofrecía comida, entramos, preguntamos y... ¡nos sentamos!, ya era la hora de comer, las 14:45 h y, sobre todo, después de caminar 23 kilómetros, así que el bar Gijón, justo al lado de la estación, nos vino de perlas. La verdad es que acertamos de pleno, no solo en el tema gastronómico, sino en el personal, en el trato recibido por el señor del bar, el cual entabló conversación con nosotros y charramos del camino y de otras cosas, ya que había salido algo de joven por tierras del concejo de Aller, "nuestros dominios", había conocido la última etapa de "La bombilla", etc... en resumen: muy agradable y lo que esperábamos del camino, ¡buen comienzo!.

(Centro de Grado, K. 24,0 / 16:15 h.)
En el planing inicial para la etapa de Grado no teníamos muy claro donde dormir, como era de las primeras, teníamos miedo que igual se nos hacía un poco larga, barajábamos la posibilidad de dormir en un hostal de la villa, aunque la idea buena era ir hasta el albergue situado en San Juan de Villapañada, a unos cuatro kilómetros más arriba. Con las fuerzas renovadas totalmente por la buena comida y el mejor trato recibido en el bar Gijón, decidimos ir hasta el albergue, pero teníamo que avituallarnos para la cena, ya que en él, según las referencias que teníamos no había nada para ello.

(El guardian de las mochilas, ¡el que suscribe!)
En el centro nos encontramos a Tedo, el chico que habíamos visto en la plaza del Carbayón y que habíamos dejado atrás en la ermita del Carmen de Llampaxuga, charramos sobre la subida hasta San Juan y planificamos ir a comprar algo para la cena. Como era un poco engorroso ir con la pesadas y aparatosas mochilas un servidor se quedó con todas ellas mientras el resto se iba de compras, después sin la compañía de Tedo, quería seguir gozando de la hospitalidad dela villa, afrontamos una de las subidas más duras de todo el camino, o al menos así la sentimos nosotros y otros compañeros con los cuales comentamos tal evento.

La subida hasta el albergue de San Juan de Villapañada orográficamente era una dura subida pero el sol calentaba de justicia y la hizo eterna, pensábamos que nun llegábamos, fueron unos cuatro kilómetros interminables. Además íbamos con el miedo de que no hubiera disponibilidad de plaza en el albergue, para nosotros, no para Rosa, era la primera experiencia en un albuergue del Camino de Santiago, íbamos un poco tensos, llamanos al movil del hospitalero y no sonaba nada, lo cual ayudaba muy poco a darnos ánimos, pero a pesar de ello tiramos para arriba con la esperanza de que todo saliera bien.

(Nadie nos dijo que esto era tan duro y menos que iba hacer tanto calor)

Cuando más flaqueban los ánimos y, un poco, las fuerzas suena el movil, era Domingo, el hospitalero, devolvía las llamadas perdídas que tenía nuestras, ¡tranquilos!, ¡tirad para arriba!, ¡no hay problemas! Este educado detalle de devolvernos la llamada y lo que después nos dijo nos relajó totalmente y afrontamos el último kilómetro con la pachorra que da la tranquilidad de que todo está resuelto, aunque la chicas al oir que le decía por el movil la frase "ya no hay remedio estámos llegando", temblaron, se pusieron en lo peor, cundió el pánico, pero... ¡falsa alarma" todo iba bien.

(Atrás dejamos el susto y entramos en la plaza de la iglesia de San Juan de Villapañada)
A punto de llegar a San Juan, para el que suscribe pudo ser el retorno a casa ya que ocurrió un incidente perruno que me hubiera costado el fin de mi aventura peregrina, pues, antes de llegar a la plaza de la gran iglesia, nos salieron a recibir tres perros, dos grandes y un canijo, los grandes se enzarzaron entre ellos y al pasar nosotros uno de ellos intentó mordeme la culera. Un servidor no fue consciente de ello, solo sintió un leve roce en la tela del pantalón pero, según me contó Rosa, intentó pillarmela, ¡menuda faena!, yo que ando cada medios días poniendole cara a los mastines montañeros me topo con dos cánidos cualquiera que casi me ponen fuera de juego en la segunda etapa, ¡menuda faena!

(San Juan de Villapañada, K. 28 / 17:50 h. = 7 h 25' efectivos caminar)
Casi a las seis de la tarde llegamos al albergue, la primera imagen nos trasmite muy buenas sensaciones, todos los pregrinos estában fuera dejandose acariciar por el sol y la sonrisa con que nos reciben nos transminten que estámos en un sitio especial, se nota que están cómodos, esta observación ahora se puede considerar superficial pero después de haber obtenido algo más de rodaje compruebas que la primera impresión de los compañeros que ya han llegado te anticipa lo que te vas a encontrar allí.
En Villapañada nos reunimos con el nucleo duro de compañeros que íbamos a tener durante todo el camino, Michael de Austria, José Luis, Tedo y Paco de Madrid, José de Malaga y Rosa de Girona, que junto a otras incorporaciones de la etapa del día siguiente relizaríamos todo el recorrido caminando, más o menos juntos. Después había otra peregrina, que era como el río Guadina, aparecia y desaparecía en el camino, como Kaira de la lenjana Letonia. Y quedaban las estrellas fugaces del mismos, los cuales vimos un día y les perdimos la pista, como Violeta de Polonia y Unai de Pais Vasco. Solo queda por mencionar al Madrileño de Adrian, pero este merecerá nuestra atención en la etapa de día siguiente. Si nos contamos nosotros, nos reunimos un total de 12 caminantes para 20 literas, una cocina, bien equipada, y dos baños.

Estábamos todos y solo faltaba por llegar el hospitalero, Domingo, el cual apareció al poco tiempo cargado de flores naturales para dar un poco más de vida a tan acogedor albergue. Detalle que había que adjuntar a otros que ya habíamos tenido ocasión de comprobar, vemos: devolución de las llamadas de movil, fundas de almohada limpias, un local claro y limpio, una cocina cargada de material para cocinar, tanto de utensilios como de viveres, una máquina de cafés y bebidas, mucha información y, lo más importante, su simpatía y entrega, ¡qué más le podemos pedir!, pues aún tiene más.
El funcionamiento de este albergue, en cuanto a la forma de pago, es mediante donativo, no tiene servicio de comidas, aunque después comprobaríamos que allí la había, pero el decía que no se podía comprometer y que cada peregrino debía responsabilizarse de su manutención, no obstante para la cena le preparó unos huevos fritos a Violeta que tenían una puntilla impresionante, tan buena presencia como los macarrones con chorizo que se preparó Tedo y a los cuales nos invitó pero aún estábamos llenos de la buena comida que nos había preparado en Grado.

(Kaira, Violeta, Mary, Domingo, Unai, Rosa y Adrian tomando notas del Maestro)
Tras la cena, Domingo nos dió una lección magistral de sus conocimientos prácticos del Camino Primitivo, el recorrido ideal, lo que nos íbamos a encontrar por delante y unos cuantos consejos más, de los cuales tomamos muy buena nota y pusímos rapidamente en práctica. Antes de marchar para la cama, se me acerca José Luis, un veterano de los Caminos a Santiago, y me dice suavemente: "esto no te los vas a encontrar todos los día!, no le faltaban razones para decirlo.
Tras este intenso día nos vamos para las literas, para descansar y conocer como "cantán" nuestros compañeros de marcha durante 12 días, ya que para nosotros era el primer contacto con los albergues del Camino de Santiago. Mientras, en la cocina, antes de marchar para su casa, Domingo nos estába preparando algo para el desayuno, ¡que más queremos!, seguramente que algo se nos ocurriría pero sería.... gula casi seguro.
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Como colofón a tan magnífica jornada peregrina os dejamos el detalle de dos sellos del día:
El primero estampado en la Capilla de El Carmen, en Llampaxuga entre San Lazaro de Paniceres y Lloriana.
El segundo nos lo estampó el mejor hospitalero que nosotros hemos encontrado a lo largo de nuestro Camino, Domingo, el hospitalero del albergue de San Juan de Villapañada (Grado), seguramente los habrá mejores pero en este viaje no los hemos encontrado así que....¡gracias Domingo!, ¡yes el mejor!
Mañana afrontaremos la tercera etapa de nuestro peregrinaje a Santiago de Compostela, tendremos sellos nuevos y seguramente nos encontraremos con un montón de historias y personajes curiosos, pero para esa narración había que pasar de pagina.
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* Para volver a ver otra ruta cliclea aqui: www.jfcamina.es o Camino a Santiago por El Primitivo
* Aviso: En estos documentos solo tratamos de narrar la experiencia personal vivida al realizar nuestros recorridos, los itinerarios que aquí describimos son orientativos. Queda a la responsabilidad de quien realice la ruta el tomar las medidas de seguridad apropiadas para cada dificultad, que dependerán muchas condiciones, entre ellas el estado del terreno, la altitud, la meteorología, etc... así como la preparación tanto técnica como física de las personas que realicen la actividad.