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"Quién va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y no al Señor"

 

D-07 La Mesa - Grandas Salime (Castro)

El amanecer subiendo desde La Mesa, la impresionante caida sobre el embalse de Grandas de Salime, una excelente comida en el pueblo, la visita a La Colegiata y la subida hasta Castro, son elementos sobradamente suficientes para catalogarla, sin temor, como la mejor etapa de "El Primitivo". La guapa acogida del albergue privado de Castro, al lado del Chau San Martín, ¡una cama con sábanas!, cerró el día "perfecto".

Será la última etapa de "El Primitivo" netamente asturiana, la próxima la finalizaríamos ya en la cercana Galicia.

 

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* Fecha: 20/09/2010

* Dist. día: 21,60 kms
* Duración: 6h 30'

* Desnivel Ac.: + 735 mts

* Tiempo: Soleado

* Velocidad: 3,3 kms/h
* Dist. Ac.: 155,40 kms

* Restan: 166 Kms

Recorrido: La Mesa - Collau de Buspol - Buspol - Embalse Grandas de Salime - Establecimiento Rural "Las Grandas" - Grandas de Salime - La Farrapa - Cereijeira - Malneira - Castro.


La noche había sido de perros de tal manera que nadie se atrevía a levantarse por miedo a molestar al compañero, eran las siete de la mañana y nadie se movía, todos metiditos en los sacos, con la cabeza bien guardada que no saliera de él. A las 7:25 h. se levantó el primero y inmediatamente..¡todos trasél!

Amaneció a las 8:00 h. pero nosotros no salimos hasta 20 minutos más tarde, hoy teníamos que desayunar en el albergue, en el pequeño cubículo del hall, mientras hacíamos cola para atender nuestras necesidades higiénicas. Unos brick de batidos de chocolate con galletas, todo comprado el día anterior en el establecimiento de la Señora Amalía, serían suficientes hasta encontrar un bar que nos permitiera tomar un cafetín en condiciones, pero hoy eso se haría esperar un poco, antes tendríamos que recorrer casi 12 kilómetros, así que... ¡había que ganárselo!

(Amanecer sobre La Mesa, K 0,0 / 8:20 / ± 860 m.a.)

Casi una hora después de tirarnos de la litera abandonamos el albergue y reiniciamos nuestro peregrinaje, la salida la teníamos muy fácil, salir del portal, girar a la izquierda y... ¡todo para arriba!. Daba comienzo la última etapa de "El Primitivo" netamente asturiana, la próxima la finalizaríamos ya en la cercana Galicia.

(Tan tremprano y... subiendo duras cuestas)

El sol nos iluminaba con sus tibios y recién nacidos rayos, la luz se refleja sobre nosotros y sobre los molinos de la ladera opuesta, fue sin duda, el amanecer más bonito que habíamos tenido, todos habían sido guapos pero este fue el mejor. Esta preciosa distracción nos vino muy bien para olvidarnos de la dura subida por el negro asfalto que teníamos hasta el collau de Buspol, una cuesta de 1,5 kms. y de cerca de 200 mts. de desnivel, así que, aunque la mañana estaba fresca, entramos en calor enseguida.

(Collau de Buspol, K 1,5 / 8:45 / ± 1.060 m.a.)

Al llegar al collau, ante nosotros, se abre una panorámica impresionante, todo la zona donde hipotéticamente está el embalse tapada por la niebla y nuestro objetivo final del día, a la derecha, pero antes teníamos que cruzar el enorme tajo que realiza el río Navía y el embalse de Grandas de Salime.

También nos surgió una duda, ¿por donde tiramos?, unas señales amarillas nos sembraron de confusión, tiraban a la izquierda y nosotros pensábamos que teníamos que ir de frente al pueblo que veíamos al otro lado, no teníamos un mojón peregrino a la vista, investigamos un poco y para confirmar nuestras sospechas y olvidarnos definitivamente de las marcas amarillas, se enciende el GPS y comprobamos cómo vamos, - O.K., estamos sobre el camino, dijo el que sacó el aparato, "el que suscribe", que siguió caminando y comprobando por donde iría el camino durante toda la jornada, hasta que se vio solo y sin compañeros, - ¿dónde andan?, después de caminar unos nerviosos minutos oyó un silbido desde el otro lado de la ladera y se dio cuenta de que se había saltado un giro a derecha importante, iba tan distraído con el juguetito orientativo que se olvidó de sus compañeros.

(Buspol, K 2,0 / 9:15 / ± 960 m.a.)

Esta pequeña anécdota demuestra que en "El Camino" hay que ir atento, no se pueden tener distracciones, ya que las mismas te pueden salir caras, unos cuantos kilómetros adicionales de marcha te pueden estropear el día, pero hoy no serán las únicas. En descargo del despistado, decir que el fallo debe ser muy común, pues cuando dio la vuelta para rectificar rápidamente vio un cartel a la entrada baja de la aldea de Buspol, que indicaba que atravesando por el medio de ella estaba el enlace del camino, esta acción te lleva justo hasta la Capilla de Santa Marina de Buspol, donde estaban unos lugareños trabajando y el resto del grupo de peregrinos, todos riendose del extraviado, -¿dónde ibas chaval?, je, je, je.

(Imagen de la rústisca Capilla de Santa Marina de Buspol)

Tras la sesión de risas varias, nos damos cuenta que estamos en un lugar privilegiado, posiblemente o casi seguro, en uno de los parajes más preciosos de "El Primitivo", allí en aquella verde senda, flanqueada por grandes lajas, teníamos una grandiosa panorámica del valle de Grandas de Salime, con un contraste de colores impresionante: el verde de la Senda, las multicolores lajas que hacían las veces de murias, otra vez la verde pradería, la blanca niebla sobre el embalse, la mezcla de ocres otoñales con las blancas edificaciones del Grandas y el intenso cielo azul, aún con un toque rosáceo del amanecer, junto con las vacas pastando apaciblemente, hicieron de aquel momento uno de los mejores del Camino.

(Debajo de la niebla está el embalse de Grandas de Salime)

La tranquilidad de las vacas pastando duró poco, pues a nuestro paso se asustaron un poco, a pesar del número de peregrinos que habían pasado durante todo el verano, aún no se habían acostumbrado a la presencia de mochileros con concha y palo. Pero nosotros teníamos que seguir nuestro peregrinaje y lo que ahora tocaba era bajar y bajar, por una ancha e irregular pista forestal que nos llevaría a entroncar con la carretera, la que llevábamos como compañera hace unos días, la AS-14 (Pola de Allande - Grandas de Salime), pero antes de llegar a ella teníamos que descender cerca de 800 metros de desnivel, así que...

(No solo vacas había en este precioso paraje, también abundaban las abejas, el panal de rica miel)

El largo descenso de siete kilómetros, desde el alto del collau hasta el embalse, se dividen en dos tramos claramente diferenciados: el primero, de unos cinco kilometrucos por terreno muy irregular y donde la vegetación típica del monte bajo impera, la misma tiene unas excelentes vistas sobre la niebla que cubre el embalse, y un segundo tramo que transcurre al abrigo de un bosque de castaños, ya por debajo de la niebla y que transita casi por encima del borde del embalse y la carretera, hasta cruzarse con ella, así que tenemos elementos suficientes para realizar un ameno recorrido.

Casi a la entrada del bosque nos encontramos con un cruce de caminos, con indicadores del GR-109 "Camino Natural de la Cordillera Cantábrica" y con otro cartel dedicado al "Camino de Santiago", el cual nos informa que si tomábamos aquel camino nos llevaría al embarcadero que nos permitía cruzar el embalse en barca, pero nos advertía que tenía que estar concertado previamente, así que continuamos nuestra dirección de marcha disfrutando del hermoso bosque por el cual transitábamos, además ya comenzábamos a vislumbrar el liquido elemento del embalse que estábamos rodeando.

(La barca y el GR-109 "Camino Natural de la Cordillera Cantábrica", etapas 25 y 26)

(Ya comenzamos a vislumbrar el liquido elemento del embalse)

Con tanta distracción no nos dábamos cuenta que Michael nos venía siguiendo en compañía de su amable sonrisa y su característico"remar", atrás había dejado a sus dos compatriotas y aceleraba el paso para cogernos, lo cual no le costó mucho pues nuestro caminar no es de los más finos del peregrinaje, más bien todo lo contrario. Además en este punto ayudó mucho el avistamiento de un "cortín" por encima del camino, el enseñarlo y explicar un poco la función de protección de los panales de rica miel frente a los osos nos llevó un poco de tiempo, así que... ¡se lo pusimos fácil! Lo primero que hicieron cuando nos alcanzó fue contarle la anécdota del extravío de "el que suscribe", J.F., así que, otra vez, tocó risas varias.

(Michael, con su caráctistico "remar" y el cortín sobre el camino)

(Entre cortínos y risas seguimos nuestro camino)

Entre risas y en medio de otro precioso paraje de "El Primitivo" vamos descontando kilómetros y, lo que es más importante, metros de desnivel, ya estamos muy cerca de la gran presa, pero aún tenemos que continuar, tenemos que caminar en paralelo a ella, zig-zageando un poco, no tenemos ningún puente que pueda pasar sobre el agua, lo cual nos hará el camino más largo. ¡Ah!, tampoco encontramos fuente alguna donde recargar nuestras cantimploras, tema a tener en cuenta antes de iniciar la etapa.

(Ya tenemos a la vista la gran presa de Grandas de Salime)

Son cerca de las once de la mañana y no hemos tomado nada caliente, esto y el ruido de los coches nos hacen acelerar un poco el paso, Mary encabeza la marcha y el resto la sigue, vamos en fila india en busca del oscuro asfalto de nuestra serpenteante carretera AS-14, hasta la cual llegamos y nos vamos sentando sobre el quita-miedos según llegamos, como si en lugar de bajar hubiéramos culminado una gran ascensión.

(Mary encabeza el último tramo de la larga bajada)

(Tras ella, van Eva, Jesús y Rosa)

(Después, José y Paco)

(Y por último, Michael)

(Al final Jesús pierde alguna posición en favor de José, Paco y Michael)

(La parrilla de llegada)

La posición, totalmente espontánea, de sentados sobre el gran muro quita-miedos de la carretera nos dio una buena excusa para sacar una simpática foto del grupo de caminantes del día: Michael, Paco, José, Mary, J.Félix, Rosa, Eva y Jesús. Los mismos que tras unas risas nos levantamos y retomamos la marcha carretera abajo en busca de la gran presa, por la que pasaremos al otro lado, aunque antes de llegar encontraríamos una distracción más, que nos retrasaría la llegada hasta la misa, un pequeño túnel nos daba paso sobre un mirador que nos permite contemplar la majestuosidad de la obra hidroeléctrica.

(Ya carretera abajo, nos encontramos con distracciones más solidas)

(Un túnel nos permite observar todo el gran tapón de esta majestuosa obra)

Después de sorprendernos durante un buen rato, retomamos el caminar por el asfalto hasta que llegamos al paso rodado sobre el gran dique, por el cual tenemos que transitar, ¡que remedio!, si queremos pasar a la otra orilla y llegar al pueblo de Grandas de Salime. Cruzarlo nos llevó un poco de tiempo, porque estamos ante una obra que habitualmente no nos enfrentamos todos los días y menos el pasar por encima de ella caminando, así que lo examinamos todo con mucho detenimiento y curiosidad.

(Otra vez sobre la AS-14)

(En la zona está el resultado final, la Gran Presa, y las ruinas de lo que se necesitó para construirla)

(Presa de Grandas de Salime, K 10,7 / 11:30 / ± 260 m.a.)

La presa que embalsa las aguas del río Navia, el cual viene desde las cercanas montañas de Los Ancares, la misma se comenzó a construir en el año 1946 y se inauguró en 1956, siendo el arquitecto D. Joaquín Vaquero Palacios (1.900 - 1.998). Fue una obra muy ambiciosa y compleja, porque la zona donde se realizaba la misma no era de fácil acceso, así que se construyeron carreteras, túneles, cargaderos, almacenes, planos inclinados y hasta un teleférico, una amplitud de medios que si los situamos en la España de la posguerra nos puede dar una idea de lo que representó la construcción de la misma. En la zona queda el resultado, la Gran Presa, y los auxiliares o ruinas de todo lo que se tuvo que hacer para llegar al resultado final.

(Jesús, contemplado la magnitud de la presa desde un mirador en caida vertical)

(Los detalles religiosos, muy propios de la época que se construyó no faltan)

(¡Menudo tobogán!)

La historia de esta gran obra, muy especial para su tiempo, está representada en un gran mural de relieves y pinturas, el cual ocupa más de 60 metros cuadrados, que el arquitecto-constructor y su hijo, el pintor Joaquín Vaquero Turcios (1933 - 2010), realizaron en la Central Hidroeléctrica. Dicha obra no se puede contemplar libremente ya que para acceder a ella es necesario solicitar el permiso correspondiente, así que tomamos nota de este último detalle para intentar acercarnos hasta los pies de la gran presa y admirar el legado, que esta familia de artistas, ha dejado en el concejo de Grandas de Salime, aunque por Asturias hay sobradas muestras de su habilidades. Sobre este último tema ver anexo: "Ocho meses después" al final de presente documento.

Estamos ante una una obra que con seguridad marcó el pasado y presente de los cercanos concejos que se vieron afectados, dos asturianos y uno de la cercana Galicia, además de otros de una manera más o menos directa.

("Alli seguro que tenemos un cafetín", pensaba Mary)

Mary estaba más preocupada por el cafetín que de mirar donde estaba la sala de turbinas, ella miraba hacia unas casas que se observaban al otro lado y con seguridad allí había un bar abierto, al menos de ello teníamos referencias, así que tras un amplio paréntesis de admiración sobre la gran presa reanudamos la marcha por la margen izquierda de la carretera AS-14, pero ahora ya por la otra vertiente del gran valle.

(Hotel "Las Grandas", K 11,7 / 11:50 / ± 325 m.a.)

Al poco de reiniciar la marcha nos adelantan las dos colegas Austriacas, las compatriotas de Michael, que habían hecho noche en albergue público de Berducedo, como él, y tras un kilómetro llegamos al hotel, de dos estrellas, "Las Grandas" Turismo rural, un trayecto que con el calor que nos estaba apretando, se notaba el cambio del tendido de sombra al de sol, nos hicieron cambiar de idea sobre saborear un cálido café y decidimos pasarnos directamente a la cerveza con limón, además ya era un poco tarde, aunque temprano para comer.

(Mary traicionó al cafetín y brindó con J. F., en la vistosa terraza sobre el embalse)

El establecimiento hotelero parecía acogedor, muy moderno y muy cuidado en la decoración, en el trato mucho mejor, además allí residía un pedazo mastín blanco, que respondía al nombre de "Bocas", nos acompañó en todo momento en la vistosa terraza del bar. Las primeras buenas impresiones sacadas por nosotros, fueron confirmadas al día siguiente, al encontramos con dos peregrinos que se habían alojadon aquí y se marcharon contentos, así que parece que es un lugar a tener en cuenta.

(Mary & Bocas)

¡Ah!, allí también estában los cuatro franceses y gracias a estos nos acordamos de la posibilidad del alojamiento de Michael en Castro, así que aprovechamos para llamar al albergue juvenil de Castro y tratar de reservar una plaza para el nuestro sonriente compañero austriaco, pero no tuvimos suerte, ya estaba todo reservado, así que tendría que jugarsela en el albergue público de Grandas o buscar cobijo en un hostal, ¿quién habría reservado las plazas que aún quedaban libres ayer?

(Atrás dejamos "Las Grandas" y ahora... ¡carretera para arriba!)

(En la subida obtenemos unas guapas panorámicas de "Las Grandas" , la Gran Presa y ...)

(... el embalse y la otra orilla por la cual descendimos hasta cruzarlo)

Según salimos del hotel, un repartidor de bebidas nos pregunta hasta donde vamos y al decirle Grandas de Salime nos recomienda comer en la "A Reigada", se lo agradecemos a pesar de que ese nombre ya lo llevábamos en la mente, pero siempre está bien que nos lo recuerden. Aunque aún nos quedan cerca de cinco kilómetros para llegar hasta el restaurante recomendado, al poco de iniciar la marcha nos alcanza José Luis, el madrileño andarín y jubilado, el cual se había quedado hace dos jornadas en el albergue de Borres, después de Campiello, para afrontar la mítica etapa de Hospitales.

Rápidamente nos pone al día, ellos: él, Tedo, Angel y "Las Niñas", después de hacer la preciosa etapa, habían pernoctado en el albergue público de Berducedo, el cual era muy parecido al de Borres y similar al de La Mesa, según nos contó. A la vista de la evolución de los albergues, habían pensado que sería bueno pegarse una alegría y reservar cinco plazas en Castro, ¡bien!, ya sabemos quien reservó las plazas que quedaban libres después de llamar nosotros, nos veríamos todos, aunque del resto de su reserva aún no sabía donde andaban.

(1,5 kms. antes de llegar al pueblo nos adentramos por otro precioso bosque)

José Luis sigue su constante marcha y nos deja atrás, nosotros a nuestro ritmo y chanzas, nos veremos en el restaurante, todos vamos con las mismas buenas referencias. Antes de llegar al pueblo de Grandas de Salime, aún nos faltan 1,5 kms., nos salimos de la carretera y nos adentramos en otro precioso bosque, ahorrándonos unos pocos cientos de metros y el cual nos lleva directamente a la población, por una calle que va directamente al conocido Museo Etnográfico y, poco después, al centro del pueblo.

(Siguiendo las conchas, las flechas o los indicadores del GR llegamos a Grandas de Salime)

(Grandas de Salime, K 16,5 / 14:00 / ± 570 m.a.)

Encontrar la "A Reigada" nos resultó fácil, un gran cartel rápidamente le delató, así que todos nos encaminamos hacia él un poco sudorosos, el sol castigaba un poco. Pedimos mesa para siete, Michael había seguido su habitual marcha en solitario y nos había dejado atrás. Nos relajamos un poco mientras nos preparan la mesa y al poco sale José Luis del comedor, está preocupado por Tedo y "Las Niñas", aún no habían llegado, aunque Ángel sí, está alojado en una pensión en frente al restaurante.

La comida fue tal como nos habían recomendado, excelente, un buen pote de pulpo, carne guisada, calamares y callos, bebidas y cafés, lo probamos todo y nos resultó muy bien de precio, a 8,5 €/cabeza, ¡quién da más!, todos quedaron muy contentos, incluso Michael, que a media comida apareció y se incorporó a la mesa, estaba alojado en el establecimiento donde estábamos comiendo y por un precio muy razonable.

También a media comida apareció Ángel y nos puso al día de lo que pasaba, se habían equivocado de camino en Berducedo, no se metieron en dirección a la iglesia y continuaron de frente, de tal manera que se dieron de bruces con el embalse. El iba delante, así que llegó el primero al agua, allí tuvo la suerte de encontrarse con un ganadero que le explicó la situación y... sacó su teléfono móvil y llamó al barquero, ¡esto es El Camino!. Al poco apareció el barquero, el cual le pasó rápidamente a la otra orilla y volvió por los otros peregrinos, no quiso cobrar nada, decía que ese era su trabajo, todo perfecto, aunque los rezagados no habían llegado aún.

Tras dos horas y media de parada de comida y sellado de credencial, nos despedimos de José Luis y Ángel y retomamos la marcha. A la salida de comer nos encontramos con Santi, el hospitalero de La Mesa y del pueblo donde estábamos, estaba sentado al lado del albergue, todo muy cerca, pero las "excelencias" del mismo no nos habían convencido la tarde anterior, así que nosotros no pararíamos, nuestra pernocta está cinco kilómetros más arriba, en Castro.

Camino de nuestro destino final, pasamos al lado de la Colegiata de San Salvador, la cual parece que tiene sus orígenes allá por el siglo XII, aunque su estado actual proviene de reformas de los siglos XVIII y XIX, a nosotros lo que más nos llamó la atención fueron, entre unas cuantas muchas cosas de valor, el impresionante retablo y la señora que desinteresadamente nos atendió y selló nuestra credencial. La afable Señora nos contó las vicisitudes del pueblo durante este populoso verano peregrino, el cual, como nos temíamos, había sido rico en anécdotas y detalles de mayor o menor fortuna.

(Guapa estampa del retablo de la Colegiata, del cual sacamos una foto "sin flash")

Por no se que historia, la visita a la Colegiata de Grandas sólo la realizamos cuatro, el restó tiró para arriba sin darse cuenta de las advertencias del resto, así que cuando se reanudó la marcha se hizo con afán de búsqueda, ¿dónde andarán?, eso no quitó a que nos parásemos a fisgar un poco en la capilla del Carmen, aún en Grandas, tras lo cual comenzamos a caminar carretera arriba en dirección a Galicia, por la AS-28. Pasamos por una lechería y Paco seguía con su obsesión de probar un buen tazón de nata fresca, pero eso estaba un poco difícil, hoy no tocaba y en el resto del camino...¡tampoco!, se quedó con las ganas.

(Capilla del Carmen de Grandas de Salime)

El discurrir hasta Castro fue un trazo mixto, por carretera y caminos, el duro asfalto al comienzo para terminar la jornada transitando por una cómoda senda que cruzaba unas guapas y llanas praderías, sobre la que se asentaba la población en la que pasaríamos la noche. Atrás fuimos dejando pequeñas aldeas o caseríos, ya que esto en muchos casos no lo tenemos muy claro y nos confunde, tales como La Farrapa o Cereijeira.

(Dejamos la carretera AS-14 y ahora transitamos temporalmente por la AS-28)

¡Al fín!, habíamos encontrado a nuestros compañeros, no habían atendido al aviso de parada y tiraron para delante hablando de sus temas, que seguramente sería la suculenta comida que nos habíamos zampado o el extravío de Tedo y "Las Niñas", cuando se dieron cuenta de que no les alcanzábamos se pararon a la sombra del camino, ya que seguía calentado el sol, a esperar nuestra llegada, aunque antes que nosotros pasó José Luis y después de un buen rato llegamos los rezagados.

Especialmente para la juventud del grupo, José y Paco, la larga bajada hasta la gran presa y después la subida hasta la población de Grandas de Salime fue más dura que para el resto, sus delicadas rodillas se resintieron bastante, llegaron al restaurante más tocados de la cuenta, incluso Paco pensó que igual no llegaba, pero el descanso y especialmente la suculenta comida hicieron milagros y a estas alturas de la etapa ya estaban los dos a plena marcha, habían superado el bache y hasta otra cuestina nos se acordarían de ellas.

(El último tramo de aproximación a Castro transita entre preciosas praderías)

Estos últimos cinco kilómetros se nos hicieron un poco largos, no sabemos si fue fruto de la comida o de las ganas que teníamos en desquitarnos de la noche anterior y darnos un pequeño homenaje, así que cuando nos parecía que ya llegábamos le preguntamos a una señora y nos dijo que aún estábamos en Malneira, todavía nos quedaba un poco, por si no confiábamos en la palabra de la buena señora rápidamente nos encontramos con la singular Capilla de la Esperanza de Malneira, pero ya estábamos en el último suspiro del día andariego.

(Capilla de la Esperanza de Malneira)

A las 17:40 h., tras 21,6 kms de subir, bajar y volver a subir, llegamos al pueblo de Castro, uno de los primeros edificios que avistamos es el gran caserón de piedra donde está ubicado el Albergue Juvenil de Castro, era inconfundible, no por que lo conociéramos, sino porque desde una de sus ventanas José Luis nos saludaba con una de sus manos, la otra la tenía ocupada con la toalla, el ya se había duchado. Los siguientes que vimos al llegar fueron nuestros compañeros franceses, ellos también se habían duchado, así que como viene siendo una costumbre... ¡los últimos!

Llegamos y nos presentamos, - "somos los que mandamos enfríar la sidra", estábamos ante Sandra y Juan, las risas de la presentación rompieron el hielo y rápidamente pasamos a la distribución de las habitaciones, ya que las mismas tienen cuatro literas, así que: Eva, Mary, Rosa y J.F. en una y José, Jesús y Paco con José Luis en otra. El resto que esperábamos no vendrían, se quedarían en Grandas, parece que habían llegado derrotados y no se sintieron con ganas o fuerzas para caminar cinco kilometrucos más. Al entrar en las habitaciones en todo el edificio se escuchó, al unísono, la misma exclamación....¡sábanas!!!

(Albergue e iglesia de Castro, K 21,6 / 17:40 / ± 565 m.a.)

El albergue es de gestión privado y la pareja que lo llevaba hacía poco que lo había cogido, justo en el verano, con lo que el follón los pilló un poco justos, pero la rápida experiencia adquirida los había puesto al día. El precio de la pernocta en litera es de 12,50 € por persona, en el mismo incluye las sábanas, los baños, evidentemente, era compartidos, tenemos que recordar que aún estamos en un albergue, no en un hotel. En el mismo preparan comidas, cenas y desayunos, así que reunía todos los elementos que necesitábamos para darnos un pequeño respiro. ¡Ah!, este establecimiento tiene una zona de acampada por si alguien quieren utilizarla, de echo, había un peregrino que utilizo el citado servicio. Por último decir que tenían wifi, lo que ocurre que esa tarde la conexión no funcionaba, así que nos fuimos sin revisar un poco el correo electrónico, seguíamos desconectados del cibermundo moderno.

(Chao de Samartín)

En el pueblo de Castro se situa sobre una gran meseta y en el se encuentra el Chao de Samartín, un asentamiento que se remonta a la Edad del Bronce, allá por el año 800 a. C., y un museo asociado al mismo, el cual, como es lunes, está cerrado, así que otra vez será. Así tendríamos más tiempo para relajarnos y sacarnos un poco la espinita de la tarde anterior. Para empezar, utilizaríamos la lavadora y secadora que tanto nos encanta usar en casa, amontonamos toda la ropa del grupo y nos hicimos dos lavadoras al coste de 6 € más dos secadoras también 6 €.

(Los chicos en el salón social del albergue de Castro)

Tras la limpieza general nos bajamos al local de la planta baja que hace las veces de recepción, bar, sala de comidas y salón social y pasamos a dar cuenta de la sidra, parece que a Paco le va entrando, ya no le parece tan rara como cuando la probó en La Petisa, en la ya lejana Salas. Cenamos y charramos un buen rato y pronto para la cama, aunque antes teníamos que dilucidar si queríamos desayunar, ya que en caso contrario, Sandra y Juan no madrugaban, tenían un sistema de rotación y Juan sería el encargado, por turno, de prepararnos el desayuno.

Nosotros no pagamos nada hasta el día siguiente, todo en una nota conjunta, en la cual se incluida todo lo anterior relacionado y alguna cosita más, en total tocamos a 30 € por persona, creo que no ha estado nada mal, realmente mereció la pena hacer un alto en este establecimiento de Castro.

 

Adelantamos que la noche fue muy cómoda, creo que no se oyó a nadie roncar, todos descansamos plácidamente y a la mañana siguiente nos levantamos con cara sonriente.

Vamos cerrando este amplio reportaje dejando testimonio de los sellos recogidos del día, son tres, que representan lo mejor del día, la parte culinaria, la cultural y la hospitalera. Una pena que no hubiéramos sellado en el Hotel "Las Grandas", pero es que tenemos que empezar a ser un poco selectivos, sino la credencial se nos quedaría pequeña antes de salir de Asturias.

Las últimas anotaciones del cuaderno de peregrinos fueron las siguientes:

"Hasta ahora nos ha quedado muy claro que este camino no hay dos etapas iguales, todas nos parecen la más guapa, ya que cada una tiene su propia singularidad, lo que la hace ser la mejor del recorrido, hoy podemos volver, sin miedo a errar, que esta ha sido...¡la mejor!"

¡Vaya como nos repetimos!, pensará alguien.

Mañana dejamos Asturias y entramos en la ya cercana Galicia, llegaremos hasta la conocida población de Fonsagrada y trataríamos de pegarnos otro homenaje, así que .... ¡hasta mañana!

 

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Anexo: "Ocho meses después"

 

Ocho meses después, a primeros de Mayo de 2011, en compañía de unos amigos, remontamos el río Navia, comenzamos con la visita al castro de Coaña, una joya de un pasado muy lejano y cubierta de un manto verde difícil de superar.

Llegamos a Grandas de Salime y la emoción peregrina volvió a mí, había muchos peregrinos llegando al pueblo, me sorprendió ver tantos, hablas largo rato con alguno de ellos, a punto estuve de…. Visitamos la Colegiata, allí seguía la señorina contando las excelencias del lugar, el museo etnográfico y la Gran Presa donde admiramos la gran obra de Vaquero Padre e Hijo.

(Museo Etnográfico de Grandas de Salime: Exteriores)

(Museo Etnográfico de Grandas de Salime: Reproducción de un antigüo bar)

(Museo Etnográfico de Grandas de Salime: Reproducción de una antigüa escuela)

(Central Hidroeléctrica de Grandas de Salime: Joaquín Vaquero Palacios)

(Central Hidroeléctrica de Grandas de Salime: Mural del Joaquín Vaquero Turcios)

Saludamos a los hospitaleros de “El Primitivo”; Tony de La Mesa – Grandas Salime, estaba muy contento, rápidamente nos comentó que en breves días iban a pasar para el nuevo albergue de Grandas de Salime, muy moderno y de mayor capacidad, - ¡todo un lujo! dijo, nos alegramos mucho porque el que se estaba utilizando no reunía los requisitos que se merece este impresionante recorrido, también subimos a saludar a la agradable pareja de Castro, no hubo tiempo para visitar el Chao San Martín, ¡una pena!.

De camino de vuelta a casa, culminamos la jornada con una visita nocturna al Monasterio de San Salvador de Cornellana, ¡Vaya jornada!, creo que inolvidable, como podéis observar , uno de una manera u otra, siempre acaba volviendo al Camino, el cual, una vez realizado, ejerce una atracción de la cual es muy difícil abstraerse.

 

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* Aviso: En estos documentos solo tratamos de narrar la experiencia personal vivida al realizar nuestros recorridos, los itinerarios que aquí describimos son orientativos. Queda a la responsabilidad de quien realice la ruta el tomar las medidas de seguridad apropiadas para cada dificultad, que dependerán muchas condiciones, entre ellas el estado del terreno, la altitud, la meteorología, etc... así como la preparación tanto técnica como física de las personas que realicen la actividad.