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"Quién va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y no al Señor" |
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D-14 Pedrouzo - Monte O Gozo - Santiago Compostela
Quizás la última etapa, no muy larga precisamente, resultó la más pesada, ya estábamos con ganas de llegar y los 20 kms se nos hicieron eternos. Al entrar en la plaza del Obradoiro nos tumbamos sobre nuestras "pesadas" mochilas en señal de venganza para mirar la catedral con toda comodidad, después cumplimos con la obtención de "La Compostela" y nos vamos celebrar el.... ¡objetivo cumplido!
Realizamos un balance de todo el recorrido, tanto físico como humano, contamos la última versión de porqué habíamos realizado "El Camino" y todos nos pusimos tiernos y cariñosos.
| * Fecha: 27/09/2010 |
* Dist. día:
20,00 kms |
* Duración: 5 h 00' | * Desnivel Ac.: + 200 mts |
| * Tiempo: Soleado |
* Velocidad:
4,0 kms/h |
* Dist. Ac.: 323,50 kms | * Restan: 0 Kms |
Recorrido: Arca-Pedrouzo - Cimadevila - San Paio - Lavacolla - TVG - San Marcos (Monte O'Gozo) - Santiago Compostela - Plaza Obradoiro.

Tal como habíamos quedado, la noche anterior, no madrugaríamos, así que a las nueve de la mañana nos concentramos todos en el hall de hotel, sería el primer amanecer que nos perdiéramos en todo el camino, pero realmente... ¡no teníamos prisa!, lo verdaderamente importante era la sonrisa que se dibujaba en nuestra cara, esta sería la última, el objetivo ya estaba conseguido mucho antes, el buen entende del grupo, pero ahora teníamos que culminar el tema estadístico, el llegar a Santiago de Compostela, y para eso aún nos quedaban veinte kilometrucos de nada.

En la cafetería al lado del hotel nos zampamos un buen desayuno, pero antes de sentarnos a la mesa habíamos tenido la oportunidad de apreciar otro detalle de "El Camino", ya que al entrar en el local una chica nos dijo: - Llegáis a tiempo, -¿Qué dices?, - Que aún no han pasado por las mochilas, - ¡Ah!, ¡no gracias!. Después mientras nos deleitamos con eso que a todos tanto nos gusta, el comer, vemos la jugada de el cargue de mochilas en una furgoneta, creo que fue cuando alguien dijo: -¿Y la Compostela de esos vale lo mismo que la mía?, -¡Traquil@s!, es una cuestión personal.

A las 9:45 h. estábamos en el mojón 17,5 de Pedrouzo, la concha está indefinida, será la pintada flecha amarilla la que nos indique por donde de va a Santiago de Compostela. Fue aquí donde alguien apuntilló eso de: -¿No decías que eran veinte?, -Sí, pero estos creo que solo cuentan hasta la entrada a Santiago, -¡Ya lo veremos!

(Arca - Pedrouzo, K 0,0 / 9:40 h / M-17,5)

Tras un pequeño enlace urbano volvemos a tomar en camino cubierto de árboles que a nosotros tanto nos gusta, un gran bidón con una gran flecha nos indica que vamos en buena dirección, está vacío, ¡uf!, ¡qué bien!, después de lo que vimos ayer nos hubiera sentado mal el desayuno. Vamos transitando por una zona donde las viñas están cargaditas de uvas, dan tentaciones, pero ahora que estamos llegando al final... ¡no vamos a pecar!, así que... "agua que nos has de beber....", llevamos bastante compañía, suponemos que serán los que pararon a dormir en San Santa Elena.

Antes de llegar a Cimadevila nos encontramos con una pareja de ciclistas que tienen problemas mecánicos, se les ha roto la cadena y tratan de arreglarla, parece que lo consiguen pero un poco más allá vuelven a parar. Esto es más o menos lo que le pasan a las rodillas de José, parece que va bien pero en cuanto pillamos una pequeña cuesta se empieza a resentir y tiene que hacer una alto, ¡ánimos, ya queda poco!, es la consigna, aunque las constantes subidas y bajadas ayudan más bien poco a que eso se consiga fácilmente.

(Nos queda muy poco pero hay problemas técnicos y físicos, los nuestros son de rodillas)

(Cimadevilla, K 3,4 / 10:40 h / M-14,1)
Nosotros vamos sobrados de ánimos aunque nos come mucho la moral ese pequeño detalle de la mochila, cada vez que nos pasa alguien con un bolso de mano se nos cae la moral por los suelos, ¡eso no vale!, es la exclamación general, o nos acordamos aquella charleta inacabada con el hospitalero de Lugo, eso de quién tiene preferencia y otras historias más para no dormir, -Venga dejarlo, ¡no merece la pena!

Después de dejar atrás el mojón peregrino que nos indica que quedan 13 kilómetros, al final de una subida nos encontramos con una pareja de Canarias con la que entablamos una pequeña conversación de relax, nos contamos los recorridos realizados y las penas, ellos vienen haciendo el Francés, quieren hacer "El Primitivo" pero le han dicho que es muy duro, les animamos a ello y quitamos importancia al calificativo que lo describe, José y Paco les enseñan sus heridas de guerra, las rodillas, para darles ánimos, aunque les advertimos que eso de ir sin mochila, como acaban de hacer unos que pasaban justo en aquél momento, ¡no vale!, en "El Primitivo" se va con mochila y bien equipado, que nosotros tuvimos muy buen tiempo pero....

(Eso de ir sin mochila, ¡no vale!)

Pasito a pasito vamos descontando kilómetros de los mojones, habitualmente la gente nos adelanta, aunque no siempre es así. Sin darnos cuenta nos encontramos caminando parejos a la carretera, hay grandes cartelones azules que nos hacen pensar que vamos parejos a la autovía, la verdad que no nos preocupa mucho, nosotros ya estamos más pensando en inmortalizar los últimos momentos en "El Camino" y una gran figura pétrea con el bastón y la concha peregrina nos viene muy bien para ello, un buen lugar para tomar una foto de grupo.

(Con la carretera de compañera llegamos hasta un buen lugar para....)

(.... sacar las últimas fotos de "El Grupo del Primitivo")

En alguna parte hemos leído que aquello se llamaba "El Terminal de Lavacolla" y el fin del mismo era lo que nosotros acabábamos de hacer: sacar un guapo recuerdo de la amistad que ha fructificado. Tras cumplir con la misión que parece que aquella obra escultórica tenía, continuamos nuestro camino paralelos a la ruidosa carretera, estamos adentrándonos en la zona del aeropuerto de Lavacolla, unos extraños aparatos así nos lo hacen ver, los miramos de reojo y continuamos la marcha hasta una zona un poco más humana, donde podríamos tomar un cafetín para recobrar las fuerzas perdidas en estas dos horas primeras de marcha peregrina.

El deseado café se hizo esperar un poco, llegamos a San Paio pero no resultaría tan fácil, nos volvía a pasar los mismo que en Arzúa, nadie nos atendía, nos sentamos un rato en una terraza y ... ¡nada de nada!, vamos hasta la barra del bar y... ¡otro tanto de lo mismo!, así que volvemos a cargar nuestra mochilas a la espalda y nos vamos a otra parte, ¡una pena!, ya tenemos que marchar, otra vez más, un poco cabreados.

(¿Hace un cafetín?)

(-Voy a volver aquí y montar un bar, dice José)

Un poco más abajo de donde nos habíamos parado a intentar tomar el cafetín mañanero nos encontramos con un chiringuito que vendía todo tipo de souvenir de "El Camino", pero además había una chica que te ofrecía una publicidad un establecimiento y además nos aportaba un sobre que contenía orujo, ¡qué gracia!, como no habíamos repuesto fuerzas en el bar anterior....¡ahora tocaba!

(Chiringuito de subvenir y chupito de orujo)

¡Vaya si lo necesitábamos!, tras dejar atrás el liquido ofrecimiento, un duro repecho nos esperaba, ¡cómo tira!, un señor bastante mayor y bien cargadito de mochila va delante nuestro "pasito a pasito", parece que no llega, pero el sigue constante en su lento caminar y no para, este heroico detalle, nos da fuerzas renovadas y tiramos para arriba, aunque debemos de tener cuidado, ya que detrás nuestro vienen las bicis, a las cuales también les cuesta trabajo ascender y van dando tumbos de lado a lado de la estrecha carretera por la cual todos vamos transitando.

(A las bicis también les cuesta trabajo subir, van dando tumbos de lado a lado de la carretera)

Al final dejamos atrás la dura cuesta y al anciano señor, estamos entrando en el núcleo poblacional de Lavacolla, Lava Colea, parece ser que traducido era "lava los testículos", donde dicen que se bañaban en el río todos los peregrinos antes de entrar en Santiago, nosotros creo que estábamos exentos, la ducha matinal en el hotel de Pedrouzo nos libraba de meternos en el río. Después para compensar el mal gusto de la gente floja de mochila, a parte del anterior señor, nos encontramos con una chica que llevaba una buena mochilá tras ella, nos recordaba mucho a la germana Lisa, ¿por donde andarán ella y Toby?, se apoyaba en un gran bastón, similar al de José, y llevaba su ropa secando sobre ella, en verdad hoy era un buen día para secar la colada.

Son cerca de las doce y media de la mañana cuando llegamos a la Iglesia parroquial de la Lavacolla (San Paio de Sabugueira), un estilizado templo rodeado de un cementerio y una larga escalinata con un crucero en el medio que nos llevará a un bar con soleada terraza, un excelente lugar para tomar un aperitivo y una cervezuqui, el sol ya calentaba de lo lindo y la hora del café ya se nos había pasado.
Descansamos un buen rato, cuarenta soleados minutos, charrábamos sobre las últimas preocupaciones del momento. Paco estaba un poco impaciente por llegar, se le notaba un poco diferente, ya le podía la presión por llegar, estaba preocupado por si podía no cambiar el billete para el día 28, es decir para mañana, ya tenía ganas de ver a "sus niñas". A José le pasaba otro tanto de lo mismo, ya había decidido que no iría a ver el océano Atlántico, no continuaría hasta Fisterra, también tenía unas ganas locas de ver a "su niño", estaba un poco malito, así era muy normal y compresible, son unos cuantos días fuera de casa y empiezan hacer mella. El resto íbamos más relajados, creo que también teníamos menos presión familiar, aunque no por eso queríamos prolongar innecesariamente la estancia en Santiago de Compostela, pero si no queda más remedio....

(Iglesia y cementerio de San Paio de Sabugueira, Lavacolla, K 9,0 / 12:20 - 13:00 h)

Mientras todo esto ocurría, ajeno a nuestras cábalas y preocupaciones, un gatin jugaba tranquilamente con nuestras mochilas. A la una de la tarde volvemos a subir las escaleras, pasar al lado de la iglesia, e incorporamos de nuevo al camino, con fuerzas renovadas afrontamos la segunda mitad de la etapa final.

(Crucero de San Paio de Sabugueira)
Ahora transitamos todo el tiempo en paralelo a la carretera, flanqueados por unos grandes árboles, vamos subiendo, las rodillas de José empiezan a molestar, otra vez más, nuestro objetivo inmediato son las instalaciones de la Televisión de Galicia, después las de Televisión Española. Como el resto de la jornada vamos muy acompañados y entablamos charleta con algún peregrino que sigue nuestro tranquilo ritmo, fue así cuando conocimos a un pequeño grupo formado por un par de matrimonios de Gijón, ya habían hecho anteriormente el camino y nos comentaban lo poco que nos quedaba por delante, ellos se quedarían en el albergue de Monte do Gozo.

(TVG, K 12,0 / 13:40 h)

(Parece que....)

(Un gijonés en TVE, ¡Gracies Compañeru")
Uno de los Gijoneses al ver el estado en que iba caminado José, la ofreció algo para aliviar su dolor, llegando a sacar su spray de Reflex y aplicándole una buena pasada, la cual le vino bien para seguir la marcha un poco más aliviado. Con esta buena compañía y animada conversación llegamos al pueblo de San Marcos y al mítico Monte do Gozo, donde dejaríamos de subir.

(Monte do Gozo, K 14,0 / 14:15 h)
Lo de "Monte do Gozo" parece fácil sacarle su significado, aunque ahora menos, parece que desde aquí se alivian las penas al tener la posibilidad de ver las primeras vistas de las torres de la Catedral de Santiago de Compostela, ¡imaginaros el gozo!. Nosotros no las vimos, parece que para ello había que subirse a un "tenderete", bastante feo, que había a lado del monumento que se hizo para conmemorar la visita del papa Juan Pablo II. Tampoco pudimos observar la archifamosa estatua de dos peregrinos saludando las vistas de la ciudad de Compostela.

Lo único que pudimos observar fue el gran número de peregrinos que allí había y la pequeña ermita de San Marcos, donde se encontraba el sello para estampar en nuestra repleta credencial, en la cual solo nos quedaban dos casillas en blanco, una para aquí y la otra para el último sello, aunque había compañeros que ya iban estampando sellos por la parte de atrás de la misma, e incluso, Tedo, le habían agregado otra credencial.

Como no nos sedujo nada la idea de subirnos al "armatoste" que decían que servía para ello, aunque algunos decían que tenían otro tipo función y de simbología, nos vamos un poco decepcionados por no poder ver las torres de la Catedral. Pero ya teníamos ganas de llegar a la plaza del Obradoiro y no queríamos investigar si realmente se podía ver desde otra ubicación más natural, así que nos despedimos de la buena gente Asturiana y nos lanzamos cuesta abajo.
Descendemos entre la carretera y el gran albergue de Monte do Gozo, el cual parece que tiene unas 800 plazas, un camping y un montón de servicios más, además parece que existe una línea de autobuses que te permiten, suponemos que la segunda vez, desplazarte a la ciudad rápidamente.
El descenso hasta la ciudad es de apenas de un kilómetro y medio, algunos le echan un poco de teatro al tema, aunque igual van tan mal como aparentan, pero como decía una de las compañeras del grupo, "hay gente que disfruta escenificando el dolor", seguro que algo de cierto hay en el tema.

(Albergue de Monte do Gozo)

(Distintas maneras de llegar a Santiago de Compostela)

En un cuartillo de hora y después de bajar por unas cansinas escaleras, nos vemos cruzando el puente sobre la autovía y ante el letrero indicador de "Santiago", ¡qué alegría!, este si que fue nuestro especial "Monte do Gozo". Son cerca de las tres de la tarde, estamos frente al restaurante "O Tranqueiro" y pensamos que estaría bien comer y después entrar relajadamente en la capital peregrina de Santiago, hubo consenso y... ¡buena comida!, los postres no eran caseros pero el resto estaba muy bueno, es lo que está apuntado en nuestro block de notas, además el precio era especial, 8 eurillos, así que.....

(Santiago, K 15,5 / 14:40 - 15:50 h)

Cerca de las cuatro de la tarde nos ponemos en marcha de nuevo, estimábamos que aún nos quedaba por recorrer cuatro kilómetros, una hora de callejeo hasta llegar a los pies de las torres que no divisamos anteriormente, así que con un buen sabor de boca reanudamos la marcha vigilados por la estatua de "El Templario Peregrino", nos adentramos en la ciudad por el barrio de San Lázaro donde pronto nos encontramos con su pequeña capilla.

("El Templario Peregrino")

(Rosa en el pelotón de cola pasando al lado de la Capilla de San Lázaro)

La buena atención recibida en la oficina de atención al Peregrino en Fonsagranda empezaba a dar su frutos, allí nos habían regalado un guía del "Camino Primitivo" por Galicia y un mapa de Santiago de Compostela, por esta última aportación sabíamos que estábamos muy cerca de la estación de autobuses, así que nos venia de perlas desviarnos, solo un poco, y tratar de enteramos como estaba el asunto de billetes para mañana día 28.

En diez minutos salimos con nuestros billetes de regreso para Asturias en la mano, a las cuatro de la tarde saldríamos en un Supra Econ de la empresa Alsa, seguro que a las nueve de la noche estaríamos en Oviedo, ¡que tranquilidad!, fueron 38,16 €/ billete, había otra opción más barata pero salía más tarde y con paradas, seguro que nos alargaría el viaje hasta las primeras horas del día 29 y... no queríamos correr riesgos. No habíamos perdido mucho tiempo y nos quitamos una preocupación de encima, aunque Paco seguía con la suya pero la estación de tren quedaba al otro lado de la plaza donde teníamos que llegar para culminar nuestro viaje.


Después de esta pequeña y necesaria parada, continuamos callejeando siguiendo las conchas peregrinos, ahora instaladas en altos postes metálicos, hasta que, ¡al fin!, vimos las torres de la catedral, ¡cuanto se hicieron esperar!. Dejamos de lado el letrero indicador del albergue de Peregrinos "Seminario Menor" y comenzamos a bajar por una estrecha calle que nos llevará directamente a la "Porta do Camiño", caminamos ligeros y con la sonrisa dibujada en nuestro rostro, solo algún rictus de dolor en la cara de José, su rodillas ya no pueden más, están a punto de decir basta, las de Paco seguro que están igual pero él, ahora está más preocupado del tren de regreso a Madrid.

(¡Cuanto se hicieron esperar esas torres!)

Pasamos de lado del Archivo Histórico Universitario y seguimos avanzado ya en pleno casco antiguo de la ciudad, Mary manda un mensaje de texto anunciado la entrada en la ciudad, después seguro que con la emoción se le olvida. Estamos en la plaza Cervantes, pasamos al lado de una administración de lotería la cual expone sus decimos para Navidad, hay un número que acaba en 27, el día que nos ocupa, ¡mañana vengo a por él! Nos adentramos por la Rúa da Acibechería y en un periquete llegamos a la plaza de la Inmaculada donde se encuentra nuestra entrada a la catedral, la puerta de Azabechería exclusiva para peregrinos con credencial, ahora no podemos entrar tenemos que dejar las mochilas recogidas en alguna parte, no podemos entrar con ellas en la catedral, así que será mejor buscar el alojamiento.

(Archivo Histórico Universitario)

(Plaza de la Inmaculada, ubicación de la puerta de Azabechería)

A las cinco de la tarde, después de haber caminado 324 kilómetros, los que salimos de Mieres del Camino, ó 307, los que salieron desde Oviedo, después de caminar 90 horas y haber pasado a través de más de 160 pueblos (con nombre), después de superar más de 6.500 metros de desnivel, después de no se cuantas cosas más, ¡Al fin!, ¡Entramos en la plaza del Obradoiro!, ¡Habíamos finalizado nuestro peregrinaje!, ¡Allí estábamos los seis!, con carina de risa y un cierto relajo interior, la verdad que no nos veíamos especialmente emocionados, eso que algunos cuentan que ocurre al llegar a esta gran plaza peregrina, pero sí felices y contentos por haber realizado satisfactoriamente nuestra aventura peregrina.

(¡Al fin!, ¡Entramos en la plaza del Obradoiro!)

(Santiago de Compostela, Plaza Obradoiro, K 20,0 / 17:00 h / ¡Llegamos!)
Nada más llegar lo primero que realizamos fue inmortalizar aquel momento, no queríamos dejar pasar ni un minuto, había que reflejar aquel guapo instante en una grandiosa foto para la posteridad, la felicidad es casi un estado fugaz y había que capturarlo rápidamente, no fuera que alguien o algo nos lo estropeara en cualquier momento.

¡Todos quietos!

¡Preciosa foto!, ¡Gracias Compeñeros!
¡Menuda carina de felicidad que plasmamos en la foto!, delante de la gigantesca Catedral Compostelana estábamos: Eva, Rosa, Paco, José, J.Félix y Mª Jesús, desde la etapa Oviedo - Grado (San Juan de Villapañada), por delante y por detrás quedan otros compañeros pero hasta aquí juntos, casi cogiditos de la mano, ¡los seis!
Después de inmortalizar la satisfacción de "los seis", a los mismos les dio por tirarse en el suelo de la gran plaza y recostarse sobre sus mochilas, después de tantas horas apoyadas sobre nuestras espaldas era el momento de tomarse la revancha y poder contemplar cómodamente la gran catedral de Santiago de Compostela.

¡Quietos Pareja!

¡Impresionante!

¡Que preciosa estampa!

Fue media hora de deleite y contemplación, la gente nos miraba sorprendidos, nosotros más que ellos, porque pensábamos que eso era lo que los peregrinos habitualmente realizaban, se ve que no era así, a última hora, un padre con su bebé nos emulo y se sentó con su retoño en el cuello, comenzando a contarle cosas sobre lo que significaba aquello, ¿qué pensaría la criatura?

Superado el estado inicial de alegría compartida retomamos la razón y pensamos que, antes de ir en busca del hotel donde teníamos reservadas las tres habitaciones, estaría bien mirar como estaba el tema de sellar la credencial y obtener La Compostela, nos quedaba cerca y teníamos que intentarlo.
De transito a la plaza de Las Platerías, en una calle anexa a la catedral nos encontramos con la chica que el día anterior caminaba muy tranquilamente y muy abrigada y fue el momento de preguntarle si eso de ir tan abrigada era una cuestión de intentar adelgazar algo, ella sinceramente y sonriendo afirmó, nos despedimos de ella y entramos en la Casa del Deán donde se encuentra la Oficina del Peregrino.

No había muchos Peregrinos a la cola por lo que decidimos despachar el trámite que nos había llevado hasta allí. Fue una decisión muy acertada, no solo porque lo despachamos muy rápido, apenas cuarenta y cinco minutos, cuando cuentan que esta labor lleva mucho más tiempo, sino porque allí tuvimos la oportunidad de conocer al Peregrino que encontramos dormiendo en Pregontoño el día anterior, el cual nos daba como pista identificativa un pluma guardada en una bolsa. ¡Allí estaba!, delante nuestro, se trataba de un ciudadano Francés que desde su casa venía peregrinando y ganándose la vida para ello por el camino, había pasado por Lourdes y después de Santiago seguiría su camino hasta Fátima, ¡qué vamos a decir!

(¿Recordáis al señor que estaba dormiendo, en la etapa anterior, en Pregontoño?)

(Tenía muchas anécdotas e historias que contar)
Paco y Mary estuvieron charrando en hispano - francés hasta que nos llegó la hora de sellar y conseguir el documento que nos acredita que hemos ganado el Jubileo, tenía un buen número de anécdotas e historias que contar, su larga credencial así lo demostraba, con unas cuantas perlas que nos contó teníamos bastante para imaginarnos toda su aventura peregrina.
Mientras escuchábamos la aventura del señor del sombrero con pluma observábamos algún pequeño detalle más de "El Camino" que acabábamos de finalizar, especialmente relacionado con la finalización del mismo. Se trataba de un apartado que tenía especialmente preparado para que los Peregrinos fueran depositando los improvisados palos y bastones que habían portado en su recorrido, había una buen montonera.

(El montón de palos y un par de "Perros peregrinos")
Después de un poco más de media hora de espera, llegamos al mostrador donde nos estamparon el último sello de nuestra completa credencial y, después de registrarnos, nos dieron La Compostela, documento que acredita, en base a la información observada en el anterior documento, que realizamos la peregrinación a Santiago de Compostela.


(Nuestras credenciales)


(Nuestras Compostelas)
Finalizados los trámites, digamos, burocráticos salimos, de nuevo, a las estrechas calles y nos dirigimos en busca del hostal donde teníamos reservadas las habitaciones, nos quedaba un poco lejos, en la Plaza Roja, así que nos lo tomamos con calma y con un poco de buen humor, nos íbamos parando mirando los escaparates de las tiendas de souvenirs, ya teníamos que ir pensando en llevar algo de recuerdo, fue un momento especial para el que suscribe, ya que conoció a....¡Bob Esponja!, ¿cómo se puede andar por el mundo sin conocer a tan famoso personaje?, la verdad que es una situación imperdonable, menos mal que llegamos a Santiago para subsanar esta pequeña laguna mediatica.

(Callejeando en busca de la plaza Roja)

(En Santiago conocí a... ¡Bob Esponja!)
En busca del alojamiento reservado, aún en pleno centro monumental, nos encontramos con Tedo, una alegría más en el día de hoy, José se resiente de la rodilla, parece que no pero llevamos unas cuentas horas danzando y esto empieza a notarse, una ducha sería un buen sedante. Con la intención de que por la noche tomáramos una última copa de despedida dejamos a Tedo.

(Encontramos a Tedo, las rodillas de José parece que no resisten más)
No llevábamos cien metros de avance cuando una persona sale de un local y nos llama, ¡es Ángel!, estaba realizando las típicas compras de souvenirs, estaba alojado, junto con "Las Niñas" en el Seminario Menor de San Lázaro. Tiene el billete de tren para el medio día de mañana, esperaba acabar su gran libro en el viaje de vuelta a Madrid. Con afecto nos despedimos rápido, no podemos entretenernos mucho más, no vaya a ser que nos anulen la reserva de alojamiento.

(Cien metros después de despedir a Tedo nos encontramos con Ángel)
Dejamos atrás a nuestro compañeros de peregrinaje y un largo callejeo nos plantamos en la plaza Roja, picamos en la dirección y número que teníamos la reserva hotelera, a primera vista la cosa no pintaba bien, nos daba mala espina, no tardamos ni dos minutos de confirmar nuestra primera impresión y uno en decirle al señor que llevaba "aquello" que llamaba pensión que no nos interesaba, no era lo que esperábamos, ya habíamos superado una mala experiencia en "El Camino" y no queríamos repetir.
Tras la decepción del alojamiento reservado, tenemos que ponernos a llamar a unos cuantos teléfonos que llevamos en la agenda, son las siete de la tarde, la estación de trenes queda cerca a donde estábamos, así que Paco nos deja para resolver su problema de fechas de billete, ya le avisaremos donde estamos cuanto finalice sus gestiones.

(Otra vez con las mochilas al hombro en busca del alojamiento)
Tras unas gestiones telefónicas parece que encontramos un hostal cerca de la catedral, no nos lo confirma, quiere que lo vemos antes, nos mosqueamos un poco pero no nos queda otro remedio. Vamos caminando por la Rua da Raiña con poca confianza, Rosa va delante, cuando llega a mitad de la calle ve el letrero de "Hopedaje Ramos" y recuerda que, hace unos años, estuvo alojada allí, -¡Voy a intentarlo!, subió y a los cinco largos minutos bajó con cara de risa, nos preparaba tres habitaciones dobles, una sería un poco justa, subimos a verlas y nos parecieron de perlas, estaba al ladito de La Catedral, en pleno casco monumental y, además, el precio nos parecía bastante razonable.
(De nuevo en las estrechas calles de Santiago de Compostela)
Comunicamos la ubicación definitiva a Paco y al poco aparece con todo resuelto, se irá al tren del medio día, el mismo que el compañero Ángel. Ahora solo quedaba que a Eva le confirmaran la posibilidad de cambiar el vuelo o la confirmación de salida para el día 29. Tras una rápida ducha nos lanzamos de nuevo a la calle, queríamos intentar entrar en La Catedral por la puerta de los peregrinos y así cumplir casi todos los requisitos de buen peregrino, para el día de mañana quedaría lo de abrazar al Santo y asistir a la misa del botafumeiro.
Con seguimos el objeto, entramos en la catedral, a pesar de que el señor que custodiaba la puerta decía que por allí no se podía pasar, tuvimos que esgrimir nuestras credenciales para poder hacerlo, se ve que la ducha y el cambio de ropa había cambiado bastante nuestra imagen.

(Impresionante foto nocturna de la Catedral de Santiago de Compostela)
Al salir de la impresionante catedral ya era de noche, las luces ya estaban todas encendidas, era un excelente momento para tomar una guapa estampa de la gran catedral Compostelana, además de tratar de encontrar el "Peregrino Oculto", cumplimos los dos deseos. El primero era el más sencillo, salvo que tenías que buscar un buen punto para lograr encuadrar todo el edificio catedralicio. Lo de encontrar al peregrino que se obtiene por efectos de las sombras de los elementos pétreos de la catedral resultaba un poco más difícil, aunque también se consiguió, tomar la foto era un poco difícil, aunque Paco obtuvo una digna del mejor técnico en la materia.

(El "Peregrino Oculto", gentileza de Paco)
Era la hora de cenar nuestra idea era irnos de tascas, comer un poco de pulpo, unos pimientos de padrón, unos vinos gallegos y unas cuantas risas, lo conseguimos pero sin la compañía de Matilde y Andrés, habíamos quedado con ellos telefónicamente a la entrada de un conocido restaurante donde suelen acudir la mayoría de los peregrinos, cuando llegamos la pareja ya había reservado mesa, no era la idea que nosotros teníamos, así que nos despedimos y seguimos nuestro particular peregrinaje por alguna de las tascas compostelana. Este pequeño mal entendido telefónico nos había dejado cierto mal sabor de boca, solo el encuentro con Tedeo, Ángel y "Las Niñas" nos hizo olvidar parcialmente el tema, ¡menuda alegría!, ¡no lo esperábamos!, era una guapa e inesperada despedida, una bonita foto de cierre.

(El grupo de "Los Seis", Tedo, Ángel y el grupo de "Las Niñas")
Ángel y "Las Niñas" estaban alojado en un albergue así que tenían toque de queda, no así Tedo, que nos acompañó a tomar las últimas copas tal como habíamos quedado. Allí en el corazón callejero de la ciudad peregrina de Santiago tomamos unos cuantos chupitos de orujo gallego al calor de una fraternal conversación cuasi final, iba ser la última que tendríamos, mañana serían las de despedidas. Realizamos balance de todo el recorrido, tanto físico como humano, contamos la última versión de porqué habíamos realizado "El Camino", en algún caso difería un poco de aquello que decíamos entre chanzas y risas, "por fitness", y todos nos pusimos tiernos y cariñosos.

(Ya es tarde, solo nos quedan catorce horas de estancia en la ciudad peregrina de Santiago)
Ya era tarde cuando abandonamos el local, en las calles estrechas y, unas horas antes, bulliciosas, no había nadie, todos estaban recogidos, lo mismo que íbamos hacer nosotros, mañana (hoy) teníamos que madrugar para despedir a Rosa, sería la primera de las cuatro despedidas que nos esperaban, solo nos quedaba catorce horas de estancia en la ciudad de Santiago, tenemos que descansar un poco y después culminar el programa peregrino establecido, el cual será contado en un capítulo más de esta nuestra guapa secuencia andariega por los caminos de Alfonso II "El Casto".
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* Para volver a ver otra ruta cliclea aqui: www.jfcamina.es o Camino a Santiago por El Primitivo
* Aviso: En estos documentos solo tratamos de narrar la experiencia personal vivida al realizar nuestros recorridos, los itinerarios que aquí describimos son orientativos. Queda a la responsabilidad de quien realice la ruta el tomar las medidas de seguridad apropiadas para cada dificultad, que dependerán muchas condiciones, entre ellas el estado del terreno, la altitud, la meteorología, etc... así como la preparación tanto técnica como física de las personas que realicen la actividad.